Demonio(Torzon): A veces le parece al sujeto amoroso que está poseído por un demonio de lenguaje que lo impulsa a herirse a sí mismo y a expulsarse.
1.- Una fuerza precisa arrastra mi lenguaje hacia el mal que puedo hacerme a mí mismo; el lenguaje actúa como bola de nieve, sin ningún pensamiento táctico de la realidad.
Trato de hacerme daño, me expulso a mí mismo de mi paraíso, afanándome en suscitar en mí las imágenes (de celos, de abandono, de humillación) que pueden herirme; y la herida abierta, la mantengo la alimento con otras imágenes, hasta que otra herida viene a producir un efecto de diversión.
2.- El demonio es plural. Cuando se rechaza a un demonio, cuando por fin le impongo silencio (por azar o por luchar), hay otro que levanta la cabeza a la vera y se pone a hablar. La vida demoníaca de un enamorado es semejante a la superficie de un volcán.
3.- Como rechazar a un demonio (viejo problema). Los demonios sobre todo si son de lenguaje, se combaten por el lenguaje. Puedo pues esperar exorcizar (por mí mismo) la palabra demoníaca que me sugiere sustituyéndola (si tuviera o tengo el talento) por otra palabra, más apacible.
De esta manera: yo creía por fin haber salido de la crisis y he aquí que favorecido por un largo viaje en automóvil, se apodera de mí un desasosiego, no ceso de agitarme en el pensamiento, el deseo, el disgusto, la agresión del otro; y agrego a estas heridas el desánimo de comprobar que reincido: no, no es una recaída, no es sino un último estremecimiento del demonio anterior o primero.
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